Aquí tienes un resumen claro con los puntos principales del artículo:
Si quieres, puedo hacerte un resumen aún más corto o explicarlo de forma sencilla tipo esquema o mapa mental.
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Las aves canoras macho necesitan cantar a diario para ejercitar sus músculos vocales y así producir canciones atractivas para las hembras
Si eres un macho de la especie humana, el atractivo es una complicada mezcla de carisma, rasgos faciales, cuerpo atlético y estatus financiero. Pero si eres un pájaro, no te queda más remedio que cantar para atraer a las hembras, y para mantener tu atractivo, tienes que practicar todos los días, como los tenores de ópera.
Según un estudio de la Universidad del Sur de Dinamarca, publicado en la prestigiosa revista Nature Communications, este canto es crucial no solo para impresionar a las posibles parejas, sino también para defender sus territorios y mantener lazos sociales. Los investigadores descubrieron que, si las aves dejan de usar sus músculos vocales, estos se vuelven más lentos y débiles en cuestión de días. Incluso, después de 7 días sin cantar, los músculos vocales ya pierden el 50% de su fuerza. Lo sorprendente es que las hembras de pinzón cebra, utilizadas en experimentos de reproducción de cantos, podían percibir la diferencia y preferían los cantos de machos que se ejercitaban regularmente. Este descubrimiento plantea una razón alternativa por la que las aves cantan tanto y todos los días: mantenerse atractivas para sus parejas.
Curiosamente, los músculos vocales de las aves canoras requieren programas de entrenamiento diferentes a los de los músculos de las piernas. Mientras que en humanos, los músculos de las piernas y los brazos suelen volverse más lentos con el ejercicio, los músculos vocales de las aves se debilitan y aceleran, lo contrario a los músculos normales de las extremidades. Esto sugiere que los músculos vocales podrían requerir un tipo de entrenamiento inverso, algo que podría ser cierto para todos los vertebrados, incluidos los humanos. Los resultados de este estudio podrían tener importantes consecuencias para la terapia del habla y el entrenamiento vocal en humanos, ya que los músculos de la laringe humana son difíciles de estudiar y la intervención terapéutica suele basarse en lo que se sabe de la fisiología del ejercicio de los músculos de las piernas.
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«Estos pequeños pájaros hacen un ruido extraordinario», escribía Charles Darwin en su libro El origen del hombre de 1871. El célebre naturalista británico compartía lo que dos zoólogos contemporáneos, Louis Fraser y Philip Lutley Sclater (quien describió por primera vez al saltarín alitorcido en 1860), habían observado en Ecuador: un ave que hacía música con las alas. Tal cual: los machos de esta curiosa especie, endémica de los bosques húmedos de la frontera entre Ecuador y Colombia, tienen, al igual que otros miembros de la familia de paseriformes a la que pertenecen –los pípridos, también llamados manaquines–, las plumas secundarias extraordinariamente modificadas. ¿Con qué fin? Emitir unos curiosos sonidos metálicos que atraen a las hembras hasta el lek, donde los machos se agrupan en época de reproducción. «Las tres primeras secundarias son de tallo grueso y curvadas hacia el cuerpo; en la cuarta y quinta el cambio es aún mayor; y en la sexta y séptima el eje se engrosa en un grado extraordinario, formando un bulto córneo sólido», apuntó Darwin.
Josep del Hoyo, médico, ornitólogo, divulgador y editor que tiene en su haber el avistamiento de más de 8.000 especies de aves en todo el mundo, ha observado estas espectaculares exhibiciones en tres ocasiones en las tierras bajas del noroeste de Ecuador. «Antes de llegar al lek ya se oyen los característicos sonidos metálicos de su cortejo –explica–. Cada macho (he llegado a observar hasta 12) suele realizar una pausa de entre ocho y 15 segundos antes de volver a lanzar sus alas hacia delante, que es el movimiento que produce el sonido». Una vez en el lek, los machos son fáciles de observar, asegura; se muestran en sus perchas preferidas, en general situadas a media altura y en lugares abiertos para que su exhibición sea vista por la hembra a la que su música le haga más tilín.
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Urogallos, combatientes, cotingas, saltarines… son algunas de las especies cuyos machos utilizan los leks, o puntos de encuentro, para mostrarse ante las hembras. Pero lo del saltarín alitorcido, cuya biología es aún bastante desconocida, es exhibicionismo puro. Cuando despliega las alas y las pone en posición vertical, estas muestran un vistoso patrón en blanco y negro, y justo después emite el armónico timbrazo sonoro, al frotar las alas 100 veces por segundo.
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¿Cómo consiguen las palomas mensajeras entregar un mensaje correctamente o algunas aves orientarse a través de rutas migratorias de miles de kilómetros? El secreto se halla en un sentido conocido como magnetorrecepción. Esto es lo que los científicos saben sobre él.
Cuando era solo un niño me fascinaba el hecho de que algunas personas pudieran atar un pedazo de papel a las patas de una paloma para enviar un mensaje a cualquier parte. A ojos de un infante, amaestrar a un pájaro para tal tarea tomaba el tinte de una hazaña épica. Más si cabe, cuando un padre aficionado a la historia contaba, con la intención de alimentar la intrínseca curiosidad infantil, que estas aves habían sido empleadas en sendas Guerras Mundiales para, cámara en pecho, delatar las posiciones del enemigo en el frente. Puede decirse que los primeros drones de la historia fueron de carne y hueso... y también plumas.
Por pasar gran parte de mi infancia en un entorno rural, no tarde demasiado en averiguar como era posible. La explicación era sencilla, más no por ello menos asombrosa. Las palomas no viajaban a ningún destino decidido por sus amaestradores humanos, si no que instintivamente se limitaban en volver a casa. Sin embargo, era inevitable que las preguntas siguieran surgiendo de una mente inquieta ¿Cómo hacían las palomas para, después de viajar en jaulas a veces durante cientos de kilómetros, regresar al lugar exacto del que procedían?¿Cómo se orientaban?¿Cómo sabían cual era la dirección correcta?
La respuesta a estas preguntas, no obstante, llegó algunos años después. Las palomas, al margen de una vista y una memoria espacial excepcional, cuentan, al igual que otros muchos animales, con una habilidad que escapa a las capacidades humanas: la magnetorrecepción. Quizá pueda decirse que se trate de un sentido añadido. Así, la magnetorecepción, también conocida como magnetocepción, es la capacidad de algunos seres vivos de percibir la dirección y el sentido de los campos magnéticos terrestres.
Sin embargo, pese a tratarse de una de las habilidades más estudiadas durante los últimos años, los mecanismos de la magnetorrecepción siguen siendo un misterio para los científicos a día de hoy, y sobre su funcionamiento se barajan varias hipótesis. Así, según un estudio publicado en el año 2019 en la revista Journal of The Royal Society Interface bajo el título Magnetoreception in birds, las aves pueden usar dos tipos de información del campo geomagnético terrestre para orientarse: la dirección de las líneas de campo, la cual funcionaría como una brújula y la intensidad magnética.
El modo en que lo consiguen podría estar relacionado con varias estructuras. Una de ellas serían unas partículas de magnetita situadas en la parte alta del pico de las aves que podrían funcionar como una brújula. Sin embargo, esta hipótesis fue descartada hace algunos años al demostrarse que estas estructuras no estaban conectadas en medida alguna con el sistema nervioso de las aves, y concluía por tanto que la brújula de las aves no se encuentra en su pico.
La hipótesis en la que más se está investigado en la actualidad se basa en una explicación química relacionada con la vista de las aves. Según esta, en los ojos de las aves se producirían una reacciones químicas sensibles tanto al magnetismo de la Tierra como de la luz, lo que les permitiría orientarse. El inicio de estas reacciones debe ser inducida inducida por fotoexcitación, es decir, por la propia luz, lo que explica que el secreto de la magnetorecepción de las aves se encuentre en los ojos. Esta se llevaría a cabo gracias a unas proteínas llamadas criptocromos, las cuales se ha demostrado que tienen una función regulatoria en los ritmos circadianos de muchos animales y plantas.
Pese a todo ello, los fundamentos de la magnetorecepción en las aves se encuentran en fase de investigación, y aún existen muchas incógnitas acerca de como el procesado de esta información llega a su cerebro. Incontables experimentos, por ejemplo, han demostrado que la ubicación de imanes en la cabeza de la aves o la inducción de campos magnéticos eran capaces de desorientar a los animales, una prueba más de la relación de la orientación de las aves con el magnetismo, sin embargo, todavía habrá que esperar a los resultados de futuras investigaciones para desvelar las razones últimas de como las palomas consiguen volver a su hogar. Cuando lo averigüe se lo contaré al niño que fui.
https://www.nationalgeographic.com.es/naturaleza/magnetorecepcion-asi-funciona-gps-aves_19100
RESUMEN:
Gracias a su siringe, es capaz de entonar bellas melodías que llevan una firma personal
En este momento se considera que, a nivel mundial, hay unas 9.000 especies de aves, de las cuales, aproximadamente, 4.300 pertenecen al grupo de los llamados pájaros cantores o canoros. No todos los pájaros que pertenecen a ese grupo 'cantan melodías' ya que hay algunos, por ejemplo, los córvidos, que se limitan a expresar sonidos carentes de la musicalidad.
La diferencia entre el canto y el reclamo es, de alguna forma, arbitraria y se tiende a considerar que el canto es más largo y complejo, y que está asociado al apareamiento y al cortejo, mientras que los reclamos tiene una función diferente, como puede ser una señal de alarma ante un peligro o un sonido para mantener cohesionado al grupo.
La variedad de cantos que podemos encontrar en el reino animal es enorme, desde notas monótonas e interminables como las que ejecuta la Buscarla pintoja, hasta otras enormemente complejas y cargadas de musicalidad. En este segundo grupo nos encontramos al zorzal común, a la curruca capirotada, al ruiseñor común y al mirlo común.
Los investigadores que se han acercado al complejo campo de la vocalización de las aves sugieren que la producción de una canción es muy compleja y se basa en la capacidad que tiene su cerebro para dirigir los cambios y combinaciones de la musculatura. De forma que las aves tienen que contraer varios músculos para cambiar de tono.
La mayoría de los cantos son ejecutados por los machos y lo hacen desde sitios de percheo, si bien algunas especies son capaces de realizarlos en vuelo.
El canto lo consiguen gracias a una estructura ósea que se encuentra en el extremo inferior de la tráquea y que se denomina siringe –del griego surinx, flauta de Pan–.
A diferencia de lo que sucede con nuestra laringe, la siringe de las aves carece de cuerdas vocales y los sonidos se produce por las vibraciones del aire al atravesarla.
Dado que la siringe se ubica en el lugar anatómico en el que la tráquea se bifurca para formas los bronquios hay pájaros cantores que pueden producir dos o más sonidos de forma simultánea.
Mirlo (Blackbird) fue el título de una canción del grupo británico The Beatles, fue compuesta por Paul McCartney mientras estaba en Escocia y para ello se inspiró en los hechos xenófobos de Little Rock. La letra de la canción comienza con 'Blackbird singing in the dead of night' y es que, en efecto, estas aves tienen cierta predisposición por entonar su melodía al amanecer y al atardecer.
El mirlo (Turdus merula) pertenece a la familia Turdidade y originariamente tenía hábitos migratorios, pero con el paso del tiempo se acostumbró a la actividad humana y acabó por establecerse de una forma estable. Su plumaje es uniforme, las hembras son de color pardo y los machos negros.
Estas aves son unas virtuosas del canto y son conocidas por su gorjeo aflatudado, no repetitivo y melódico, formado por notas aceleradas con un final agudo característico.
Los expertos han calificado al timbre de los mirlos como «líquido, con un ligero roce», dado que existe una cierta improvisación y una disonancia. Se podría decir que es la imperfección típica de los grandes artistas. Otra de sus singularidades es que, a diferencia de lo que ocurre con otras especies, no hay dos mirlos que canten igual, cada individuo desarrolla una firma sonora personal.
La figura de esta ave a lo largo de la historia ha estado envuelta en cierto halo de misterio, durante el medioevo se decía que cuando los mirlos comienzan a piar los muertos se despiertan y fue precisamente en esta ave en la que se metamorfoseó el diablo cuando visitó a San Benito para distraerlo de sus obligaciones.
En la mitología celta su presencia estaba asociada con la evolución de la racionalidad a la espiritualidad. Sabiendo esto, ¿cómo no iba a ser objeto de inspiración para los Beatles?
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https://www.abc.es/ciencia/mirlo-canta-ninguna-20220916150653-nt.html
RESUMEN:
Son aves de mediano tamaño y aspecto grácil que gozan, en general, de 'buena prensa' en nuestra cultura
Las tórtolas, los parientes más cercanos de las palomas, están representados en nuestra fauna por dos especies claramente diferenciables, la tórtola europea y la tórtola turca. Son aves que emiten sonidos roncos, guturales y que se asemejan a suspiros generados en una garganta de madera.
Al igual que ocurre con las palomas, las tórtolas beben aspirando el agua de forma continua, con la cabeza agachada y el pico sumergido, a diferencia del resto de las aves que tienen que levantar la cabeza e inclinarla hacia atrás para poder tragar el agua.
En el año 2015 la tórtola europea (Streptopelia turtur) fue declarada Ave del Año por SEO/BirdLife para poner de relieve la situación de peligro en la que se encuentra. Su nombre proviene de Strepto, que significa collar, pelia, que se traduce por paloma, y el epíteto específico turtur procede del latín y significa tórtola.
Se calcula que hasta dos millones de tórtolas europeas sobrevuelan cada año nuestra península en su largo camino de migración hacia los cuarteles africanos, en donde se refugian de los rigores del invierno. Lo hacen fundamentalmente en la zona occidental del continente, concretamente en Senegal, Gambia, Guinea, Guinea-Bisáu, Burkina Faso y Malí.
Gracias a los sistemas de seguimiento se ha podido saber que estas aves no permanecen en una zona de forma permanente, sino que se desplazan centenares de kilómetros, pero siempre dentro del marco de la franja subsahariana. Su caso es verdaderamente excepcional, al tratarse del único migrante transahariano que es exclusivamente granívoro durante todo el año.
La tórtola es un ave monógama que ha servido de inspiración a poetas de todos los tiempos y que simboliza el amor eterno, no en balde el diccionario de la RAE, en su tercera acepción del término tórtola, recoge: «pareja de enamorados».
Su tamaño es más pequeño que el de las palomas y se caracteriza por presentar una cabeza gris clara, un halo rojizo en torno a los ojos y unas manchas oscuras en un dorso pardo rojizo. Además, tiene un collar de listas negras y blancas, no completo.
En las últimas décadas esta especie está experimentado un progresivo declive poblacional motivado por varios factores, entre ellos destacan la sequía y el exceso de pastoreo en la zona de invernado, la alteración del hábitat de cría y la presión cinegética durante la migración otoñal.
A la tórtola europea le gustan las dehesas y las campiñas arboladas, a diferencia de su prima la tórtola turca que vive fundamentalmente en las zonas antropófilas, como pueden ser parques, jardines o cebaderos de animales.
La tórtola turca es una recién llegada a nuestra fauna, procede de Asia Menor, tal y como su nombre indica, y los primeros ejemplares no fueron vistos en la península Ibérica hasta la década de los sesenta del siglo pasado, momento desde el cual no ha dejado de extenderse.
El nombre científico de la tórtola turca es Streptopelia decaocto, una denominación que hace relación al sonido de su arrullo: «dekaochtó», que se asemeja a la pronunciación griega del número dieciocho (déka, diez, októ, ocho).
Su nombre guarda relación con una leyenda griega que afirma que cuando Jesucristo iba camino del calvario, portando la cruz, un soldado romano se apiadó de él y quiso comprarle un cuenco de leche que valía 18 (dekaochtó) monedas, pero tan solo tenía diecisiete. Por más que rogó y suplicó a la vieja vendedora no hubo manera de que le rebajase el precio. Cuando Jesucristo murió en la cruz la vendedora se transformó en una tórtola turca, estando obligada a repetir toda su vida «dekaochtó». Un arrullo muy diferente al suave bisilábico y repetitivo que caracteriza a la tórtola europea: «tur, tuur, tuuuur…».
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https://www.abc.es/ciencia/tortolas-simbolo-amor-maldicion-milenaria-20220902161951-nt.html
RESUMEN:
El cultivo de arroz y el maíz atrajo a las aves salvajes hacia el suelo hace unos 3.500 años, mucho más tarde de lo pensado
La población mundial de pollos asciende a unos 23.000 millones de ejemplares, el triple que la humana.
Estas aves de corral son tan numerosas que un estudio señaló que serán sus huesos los que aparezcan por todo el registro fósil cuando los paleontólogos del futuro busquen pistas de cómo fue el Antropoceno.
Sin embargo, los pollos no siempre han sido así y, al igual que el resto de las especies, han evolucionado hasta convertirse en los animales domesticados que hoy se cuentan por miles de millones en nuestras granjas.
Un nuevo estudio, publicado en las revistas ' Proceedings of the National Academy of Sciences' (PNAS) y ' Antiquity', revela que su acercamiento al hombre se produjo hace unos 3.500 años en Asia y que al principio fueron considerados una especie 'exótica' que tardó varios siglos en convertirse en parte de la dieta humana.
Hasta ahora, se pensaba que gallos y gallinas fueron domesticados hace unos 10.000 años en alguna parte de la actual China, India o el sudeste asiático.
Anteriores estudios señalaban que estos animales ya estaban presentes en Europa hace más de 7.000 años.
El nuevo trabajo, realizado por un equipo internacional de investigadores de las universidades de Exeter, Munich, Cardiff, Oxford, Bournemouth, Toulouse y universidades e institutos de Alemania, Francia y Argentina, indica que estas hipótesis son incorrectas.
«Los resultados sugieren que los restos de pollos más antiguos e inequívocamente domésticos son los del yacimiento Ban Non Wat, en Tailandia, que datan de alrededor de 1650-1250 a. C», indican los autores.
«Los resultados contradicen identificaciones previas y sugieren que los pollos no fueron domesticados en el subcontinente indio y que no llegaron a China central, el sur de Asia o Mesopotamia hasta alrededor del año 1000 a. C.
Por último, este ave de corral recaló en Etiopía y la Europa mediterránea alrededor del año 800 a. C.».
Además, el fenómeno que habría impulsado su domesticación sería la proliferación de los cultivos de arroz y maíz, que habría atraído a su pariente silvestre, el gallo salvaje (Gallus gallus), que habría bajado de los árboles y habría tomado contacto con el ser humano.
Pero no se habría convertido directamente en comida, sino en una especie de divinidad alada. Así lo demuestran entierros de ejemplares solos y sin sacrificar, incluso presentes en nichos de personas, como ofrenda.
«Comer pollo es tan común que la gente piensa que siempre lo hemos comido. Pero este trabajo muestra que nuestra relación pasada fue mucho más compleja, y que durante siglos los pollos fueron celebrados y venerados», señala Naomi Sykes, de la Universidad de Exeter.
Después, durante el Imperio Romano, se popularizaron los huevos de gallina como alimento.
«Pero en Gran Bretaña, por ejempplo, los pollos no se consumían regularmente hasta el siglo III d. C., principalmente en ciudades y campos militares», señalan los autores, quienes indican que estos animales tardaron mucho tiempo hasta establecerse en climas más fríos, como Escocia, Irlanda o Islandia.
Para llegar a estas conclusiones, el equipo examinó restos de pollo antiguos hallados en 600 yacimientos de 98 países diferentes. En concreto, analizaron los esqueletos, la ubicación del entierro y los registros históricos sobre las sociedades y culturas donde se encontraron los huesos.
Después de descubrir al pollo más 'anciano' en el yacimiento tailandés de Ban Non Wat, los investigadores también fecharon la edad de los restos más antiguos encontrados al oeste de Eurasia y el noroeste de África. «La mayoría de los huesos eran mucho más recientes de lo que se pensaba -señalan los autores-. Los resultados señalan que no llegaron hasta al menos el año 800 a. C. y que aún tardaron casi otros 1.000 años más en establecerse en lugares con crías más fríos».
Su variada alimentación y los barcos tuvieron un papel fundamental en su 'colonización' por todo el mundo.
«Por su dieta, altamente adaptable pero esencialmente basada en cereales, así como por la acción de las rutas marítimas, estos animales se propagaron por toda Asia, Europa, África y Oceánica», señala Joris Peters, de LMU Munich y la Colección Estatal de Paleoanatomía de Baviera.
«El hecho de que los pollos sean tan ubicuos y populares hoy en día y, sin embargo, hayan sido domesticados hace relativamente poco tiempo es sorprendente», apunta Ophélie Lebrasseur, del CNRS/Université Toulouse Paul Sabatier.
Así que no, los pollos no siempre estuvieron en nuestros platos y su historia hasta llegar ahí, que es bastante 'reciente', ha sido un poco más complicada de lo que imaginamos.